18/06/2026
𝗟𝗮 𝗳ó𝗿𝗺𝘂𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗼𝗱𝗿í𝗮 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗮 𝘃𝘂𝗲𝗹𝘁𝗮 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝗹
La mayoría de los análisis sobre la segunda vuelta presidencial se están concentrando en las encuestas. Sin embargo, cuando faltan apenas unos días para una elección, la pregunta más importante no es quién va adelante, sino qué tendría que ocurrir para que cambie el estado emocional de la campaña. Porque las elecciones modernas no siempre las gana quien tiene más apoyos políticos. Muchas veces las gana quien logra conectar mejor con las emociones de los ciudadanos.
Si Iván Cepeda quiere revertir las tendencias que hoy muestran las encuestas, necesita entender que ya no está compitiendo solamente contra Abelardo de la Espriella. Está compitiendo contra una percepción instalada en una parte importante de la opinión pública. Y las percepciones no se combaten con cifras ni con discursos extensos. Se combaten construyendo nuevas emociones.
La primera tarea sería ampliar su conversación más allá de los votantes tradicionales del Pacto Histórico. Toda elección de segunda vuelta se define en el centro político. Allí están los ciudadanos menos ideologizados, los votantes independientes y muchas personas que toman su decisión en los últimos días. Para llegar a ellos, la campaña tendría que reducir la confrontación y aumentar los mensajes de tranquilidad, estabilidad y unidad nacional.
La segunda tarea consistiría en movilizar a quienes no participaron en la primera vuelta. En Colombia suele existir una enorme bolsa de ciudadanos que observan la política con distancia y desconfianza. Muchos de ellos no se sienten representados por ningún candidato. Si la campaña logra convencer a una parte de esos abstencionistas de que esta elección sí puede impactar directamente sus vidas, podría encontrar allí votos que hoy no aparecen reflejados en las encuestas.
La tercera tarea pasa por el manejo emocional de la campaña. Los ciudadanos suelen reaccionar mejor ante la esperanza que ante el miedo. Si la narrativa se concentra exclusivamente en advertir sobre los riesgos de una eventual victoria de su rival, podría terminar fortaleciendo la polarización existente. En cambio, una campaña que proyecte futuro, oportunidades y optimismo tendría mayores posibilidades de ampliar su base electoral.
También resulta fundamental el papel que puede desempeñar Aída Quilcué. Más allá de su candidatura vicepresidencial, representa sectores indígenas, sociales y comunitarios con capacidad de movilización territorial. En una elección cerrada, la capacidad de activar liderazgos locales, organizaciones sociales y redes comunitarias puede resultar tan importante como una gran estrategia de medios o una pauta digital.
Desde la perspectiva del marketing político, la campaña tendría que concentrarse en un objetivo muy concreto: construir una razón emocional para votar por Iván Cepeda y no solamente una razón racional. Las personas rara vez toman decisiones electorales exclusivamente con la cabeza. Normalmente votan por aquello que les genera confianza, identidad, esperanza o sentido de pertenencia.
Por eso, la verdadera fórmula para una remontada no estaría en un debate, una entrevista o un discurso de última hora. Estaría en lograr que millones de ciudadanos vean la elección desde una emoción diferente a la que tienen hoy. Porque al final, las campañas hablan de política, pero las elecciones suelen definirse en el terreno de las emociones.