16/08/2025
Una realidad
México, tierra bendita donde los profesionistas terminan trabajando de cajeros mal pagados, con licenciatura, maestría y hasta diplomado, pero con un sueldo que apenas alcanza para pagar el Netflix y los frijoles de la semana. Porque sí, aquí las empresas se escudan en mil excusas para pagar basura: que si “la economía está difícil”, que si “hay inflación”, y la favorita: la culpa es de Trump y sus pinches aranceles. Como si el ca**ón naranja fuera el que firmara las nóminas y dijera “a este ingeniero págale 7 mil al mes, total, que viva de atún enlatado”.
La realidad es que esas empresas no necesitan excusas, necesitan esclavos modernos: profesionistas atrapados en puestos de cajero, recepcionista o “auxiliar administrativo” con diez años en el mismo escritorio, sin subir jamás de puesto. Y mientras tanto, el gerente —ese genio con prepa terminada a rastras— se la pasa de lamebotas, chupándole el pito laboral al gerente de zona para que lo dejen seguir en su trono de mediocridad con aire acondicionado.
La fórmula es simple: al trabajador preparado lo exprimen como limón de taquería, pero al junior inútil lo suben como espuma porque trae apellido correcto o sabe a quién arrimarse en la peda corporativa. Y así, los sueldos se quedan igual de podridos que un bolillo olvidado, mientras el discurso oficial repite: “no hay presupuesto, son tiempos difíciles”.
La cruda verdad es que México no carece de talento, carece de vergüenza empresarial. Aquí la escalera laboral no se sube con esfuerzo ni preparación, se sube con rodilleras y saliva. Y mientras tanto, el profesionista con años de experiencia se sigue pudriendo en el mismo puesto, explotado, invisibilizado, tragando promesas de “el próximo año hay chance de promoción” que jamás llega.
Las empresas en este país no quieren gente brillante, quieren borregos obedientes que acepten sueldos miserables y horarios de esclavitud. Y lo justifican con frases como “crisis internacional”, “aranceles de Trump” o “estamos en reestructura”, cuando lo único que hacen es llenar los bolsillos de los de arriba mientras el resto vive contando centavos.
En pocas palabras: México no paga salarios, paga migajas; no contrata profesionistas, contrata esclavos con título. Y mientras la gerencia siga siendo un concurso de quién lame más fino, los profesionistas de verdad seguirán de cajeros con uniforme barato, viendo cómo los inútiles con apellido correcto se ríen desde arriba.