20/07/2022
Mucha fuerza y ánimo compañeros.
Se nos hace hoy muy difícil escribir algún texto en tono positivo, cuando nuestro pueblo de Casas de Miravete se ha quedado sin recursos. En los próximos años no habrá más rutas de las mariposas; ni bateos en el embalse de Zamarro, envueltos en campos teñidos del blanco de la flor de la escoba; ni jornadas de setas en el alcornocal… tardaremos en volver a llamarlo así. No habrá avituallamiento en la fuente de Los Castaños de Jaraicejo.
No queda nada; ni huertas, ni cercados, ni bosque. Parte de la vida de los miraveteños ha desaparecido durante estos días bajo un manto de ceniza, porque hay que entender que un pueblo no sólo se limita a las casas, se extiende allá donde los vecinos plantan sus ilusiones, su trabajo, sus experiencias de vida… y en Casas de Miravete ocupaba muchas hectáreas, que eran recorridas a diario por sus gentes. Ese espacio ha desaparecido de un plumazo.
Pero este sentimiento de pérdida que nos invade en estos momentos debe durar justo lo necesario, ni un día más, ni un día menos. En breve habrá que comenzar de nuevo, construir sobre lo destruido y crear algo mejor.
El fuego es catarsis, purifica las emociones a partir de una experiencia traumática. El fuego es símbolo de renovación a partir de la destrucción de lo anterior y por tanto da la oportunidad de crear algo nuevo y mejorado. Pero la regeneración depende del agua, la verdadera chispa de la vida, con ella y nuestro trabajo volveremos a disfrutar de nuestros montes.
En la imagen, tomada hoy entre rescoldos, aparece una Hipparchia statilinus… su vuelo nos levanta el ánimo.