04/09/2026
Editorial
EL ESPIRITU TRAICIONADO
DE 1812 DE LA
MIGRACION
Cada 4 de septiembre, la Argentina celebra el Día del Inmigrante, una fecha cuya raíz se hunde profundamente en los albores de la independencia de la patria. Fue en 1812 cuando el Primer Triunvirato —integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan Martín de Pueyrredón— emitió un decreto histórico que selló para siempre la identidad social y humanitaria de la nación.
Aquel documento fundacional declaraba, que el gobierno ofrecía su “inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que quieran fijar su domicilio en el territorio”. El único y noble requisito exigido a los recién llegados era, simplemente, respetar las leyes de la tierra que los cobijaba.
Este decreto de hospitalidad universal fue la piedra angular de una visión de grandeza que más tarde se consolidó en la Constitución Nacional de 1853. En su célebre Artículo 25, la Carta Magna prohibió explícitamente cualquier intento de limitar la entrada de extranjeros que vinieran a labrar la tierra, mejorar las industrias y enriquecer las ciencias y las artes. Bajo la máxima alberdiana de que “gobernar es poblar”, la Argentina abrió sus brazos de par en par. Así llegaron millones de europeos en los siglos XIX y XX, y así también se incorporó, en las décadas posteriores, la inestimable riqueza cultural de las naciones hermanas de Sudamérica. Entre ellas destaca la comunidad peruana, que hoy constituye uno de los pilares más sólidos de trabajo, salud, gastronomía, valores y cultura en el país. Fue con esa memoria viva que el presidente Juan Domingo Perón formalizó este homenaje mediante el Decreto N° 21.430 de 1949.
Sin embargo, trazar hoy un paralelo entre aquella gesta generosa de 1812 y la realidad del presente resulta doloroso. Lejos de la "inmediata protección" prometida por los padres de la patria, las comunidades residentes enfrentan hoy un escenario de desconfianza sistémica, trabas burocráticas y reformas que amenazan con deshumanizar la política migratoria.
La ONU ha recordado sistemáticamente al Estado argentino que el hostigamiento en la vía pública por la falta de un papel, las detenciones arbitrarias y los mecanismos de deportación exprés vulneran abiertamente el debido proceso y pisotean la dignidad humana.
En este 4 de septiembre, la comunidad peruana y todas las colectividades que sostienen el tejido productivo del país no piden privilegios; exigen el cumplimiento de la historia. Es urgente que el Estado abandone el enfoque persecutorio que la ONU condena y retome su rol administrativo honesto, eficiente y transparente. Celebrar el Día del Inmigrante no puede ser un acto de hipocresía discursiva; debe ser el compromiso firme de volver a ser esa patria justa que prometió protección a todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino.