30/05/2026
En 1956, IBM presentó al mundo el primer disco duro de la historia: el IBM 350 RAMAC. Tenía 50 discos magnéticos de 61 centímetros de diámetro cada uno, y almacenaba aproximadamente 5 megabytes de información.
La máquina pesaba casi una tonelada y tenía el tamaño de dos refrigeradores juntos. Para transportarla había que usar montacargas, y llegaba a los clientes en aviones de carga.
Era, en su época, una proeza de la ingeniería. Guardar el equivalente a 64,000 tarjetas perforadas en un solo equipo era algo que nadie había logrado antes.
Hoy, 70 años después, cabe en la uña del pulgar.
La tarjeta microSD SanDisk Extreme de 1 terabyte almacena 1,000 gigabytes de información, con velocidades de lectura de hasta 190 MB/s y escritura de hasta 130 MB/s. Graba video en 4K sin interrupciones y cabe en el bolsillo de una camisa.
Un terabyte equivale a 1,000,000 de megabytes. Es decir, esta tarjeta guarda 200,000 veces más datos que aquella máquina de 1956 que necesitaba toda una habitación para funcionar.
Eso no es solo un cambio de tamaño. Es una transformación completa de lo que significa guardar información.
La densidad de almacenamiento que tenemos hoy en objetos tan pequeños es el resultado de décadas de avances en materiales, física de semiconductores y miniaturización de circuitos. Cada generación de ingenieros tomó lo que existía y lo hizo más pequeño, más rápido y más accesible.
Y lo curioso es que, para quienes vivieron 1956, guardar 5 megabytes ya era un milagro. Para nosotros hoy, 1 terabyte en la punta de un dedo es algo que compramos en cualquier tienda de electrónica.
Dentro de 70 años, alguien mirará lo que tenemos ahora con la misma mezcla de nostalgia y asombro con la que nosotros miramos ese enorme cajón metálico de IBM.