08/11/2016
El negocio de la impaciencia
No creo que se necesiten muchos argumentos para convencer a alguien de que estamos perdiendo la paciencia, basta un paseo por la calle o ver las encuestas al respecto. La tendencia entre los emprendimientos que van a marcar la pauta el 2016 se apoya en este principio: la instantaneidad con la que queremos todo y la impaciencia que nos invade cuando no lo conseguimos. Pensar en empresas que en minutos nos desplazan por la ciudad en autos de categoría; nos traigan la comida de forma inmediata o nos reservan una habitación o una mansión en cualquier lugar del mundo con dos clicks son viables hoy porque el desarrollo tecnológico lo permite. El poder de esta conjunción de astros (impaciencia+tecnología), llamada economía on-demand. Esta tendencia, que en Estados Unidos cuenta con empresas como Uber, Airbnb e Instacart, valoradas en los billones, ya está haciendo su desembarco en Chile.
Impaciencia: “intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar” dice de esta palabra el diccionario de la RAE. Para muchos, ciertamente, un defecto de marca mayor. El conductor impaciente que toca la bocina, aunque el semáforo esté en rojo; el niño con pataleta en el pasillo de algún supermercado al descubrir que no le compraran ese chocolate, la adolescente, que smartphone en mano, se enoja amargamente porque sus mensajes de Whatsapp acaban de ser leídos y no consiguen respuesta alguna, el oficinista que presiona y presiona el botón del ascensor creyendo, secretamente imagino, que éste aumentará así su velocidad.
En fin. …ejemplos de impaciencia en el mal sentido hay miles. Por lo mismo, lo significativo de esta historia es que, poniendo ojo sobre este imparable aumento en los niveles de intolerancia entre los habitantes del planeta a inicios del siglo XXI, existan empresarios que basen sus modelos de negocios en este peculiar estado de ánimo. Más interesante aún, están ganando millones.
Estoy seguro que la industria del video, clave al instaurar entre sus suscriptores el concepto "on demand” en su programación, permitiéndonos ver la película que quisiéramos a la hora que quisiéramos, nunca imaginó que terminaría por revolucionar la más amplia gama de negocios.
Porque seamos claros: hoy las empresas “on demand” son las que la llevan. En el mundo ya llevan sonando un tiempo y en Chile marcarán fuerte su presencia a partir de este año.
Las empresas on-demand basan sus negocios en resolver las necesidades de los consumidores de forma inmediata gracias a todas las plataformas tecnológicas existentes. De ahí que sea el desarrollo tecnológico el detonante clave de esta industria. Hoy, en Chile, sentado en mi oficina, puedo pedir almuerzo a la hora pick tenerlo sobe mi escritorio en menos de 20 minutos; hacer compras en varios supermercados de Santiago y tener el despacho garantizado en mi casa sólo 90 minutos después de hacer click en aceptar. O pedir un auto para ir a una reunión y estar en camino en menos de 10 minutos gracias al ya bien conocido Uber, que es el ejemplo más usado de la on-demand economy.
En Estados Unidos, país que nos lleva bastante delantera en este tipo de empresas, ya cuentan con servicios de estacionado de autos a través de valet parking, arreglo de smartphones al instante, servicios de lavandería que retiran y entregan la ropa en pocas horas y hasta reparto de ma*****na en modalidad on-demand.
Es bien claro que, detectada la necesidad correcta a satisfacer, las potencialidades de crecimiento de este tipo de negocios son todas. Se apalancan en la tecnología para prestar sus servicios o proveer de sus productos de forma más eficiente y escalable. Lo anterior debido a que la tecnología permite optimizar el uso de infraestructura ya existente. Valiéndose de conductores, habitaciones, o freelancers con espacios o tiempos u horarios ociosos, logran satisfacer la más amplia gama de necesidades del usuario final, simplemente, administrando estos “tiempos muertos”. El beneficio evidente de la instantaneidad se cumple, pero también el de acceder a precios más bajos. Simple, los clientes no tienen que financiar los costos fijos de empresas que requieren mantener altos stocks de activos para prestar estos servicios.
Un buen ejemplo de todo esto es Airbnb, compañía fundada en Silicon Valley que le permite a las personas arrendar desde un colchón en el suelo, hasta una casa completa por noche a través de una plataforma de internet. Esta empresa es hoy la compañía con mayor número de propiedades para alojar disponibles on line. Maneja la nada despreciable cantidad de 800.000 propiedades en 33.000 ciudades de 192 países, superando a gigantes hoteleros como el Grupo Inter Continental y sus 700 mil habitaciones, sin tener que pagar el sueldo, ni a un conserje o a una mucama como lo debe hacer, y bien masivamente, cualquier cadena hotelera. Para dar una idea del tamaño y velocidad de crecimiento de estas empresas podemos usar a Uber y Airbnb como ejemplos, ambas fueron fundadas en 2009, y hoy valen US$ 62 y US$ 25 billions (miles de millones) de dólares respectivamente.
Las razones del éxito de este tipo de empresas, además de la posibilidad de crecer de forma acelerada sin aumentar los costos de manera proporcional, están dados por los cambios en la cultura de los consumidores, quiénes no sólo están más conectados que en el pasado, sino que además valoran mucho más su tiempo libre, y están dispuestos a pagar por ahorrase las filas y el tráfico para obtener lo que quieren y obtenerlo de forma inmediata. Es esta impaciencia que se apodera de nosotros la que está haciendo que este tipo de empresas estén creando oportunidades de negocio para emprendedores dispuestos a satisfacer las nuevas demandas de los consumidores. Y, por su puesto, satisfacerlas rápido.
tomado de : Cristóbal Silva, Socio FenVentures