22/06/2026
«No entiendo cómo han entrado en mi correo, si yo no doy mis contraseñas.» Esa es la conversación más repetida que tengo con clientes que han tenido un susto.
Casi siempre es verdad: no las dan. Las reutilizan, que es otra cosa. Y la mayoría de los ataques no entran por la fuerza, entran por la rutina.
Tres hábitos baratos que protegen más que tres productos caros: contraseñas distintas (con un gestor), doble factor en lo importante, y la regla de "si no lo esperaba, no lo abro".
Capítulo 2 de la serie. El día que se nota la seguridad, ya es tarde.