29/08/2026
Ya se nota que anochece un poquito antes. Por las mañanas, en León, refresca. Y aunque todavía quedan días de verano, (o eso dicen) ya noto que se está terminando.
Se termina el tiempo para todo lo que queríamos hacer; igual que se desvanecen los buenos propósitos tras comernos las uvas.
Y no sé si será precisamente por eso, pero últimamente pienso mucho en lo rápido que pasa todo.
Quiero agarrar esos momentos pero se me escapan entre los dedos.
Vamos enlazando trabajo con casa, casa con La Maison, proyectos, pedidos, piedras que mover, cosas que arreglar, sitios a los que llegar… y de repente miras hacia atrás y no sabes en que se te ha ido el tiempo.
La vida nos pasa por encima mientras estamos demasiado ocupados intentando respirar.
Pero yo quiero agarrarme a las cosas pequeñas.
Una tarde sin planes. Asia tirada por cualquier rincón. Leer un libro de un tirón. Una conversación en la calle. Sentarnos a mirar las montañas aunque alrededor todavía haya escombros. Hacer una foto porque sí, como hacía antes.
Siento que me he perdido por el camino,
quiero volver
pero no consigo llegar…