03/02/2026
El otro día, mientras subía El Teide con la bici, se me ocurrió grabar una nota de voz con lo que estaba sintiendo en ese momento.
En algunos momentos me quedaba sin aliento. Pensé que no quedaría bien. Que al llegar a casa tendría que revisarla, cambiar palabras, añadir o quitar cosas,… Me la imaginé “perfecta”: rollo épico, con imágenes y clips impecables de fondo, un vídeo bien estructurado, edición limpia, buenos filtros, buen sonido… como casi todo lo que vemos hoy en redes.
Pero en el aeropuerto de vuelta, cuando la escuché otra vez por primera vez, pensé: a la mi**da la perfección. Esto es real.
No es perfecta. No soy perfecto. No me gusta lo perfecto. Me gusta lo “verdadero”, lo real, lo que se puede vivir, tocar, conseguir. El calor y el frío. La piel de gallina. Arena de playa en el calcetín. Gotas de sudor recorriendo la espalda. Un poco de resaca. Patatas bravas con piel. Camisetas viejas para dormir. Libros subrayados y silencios con amigos. Entre otras muchas cosas.
Como dijo un día Bob Marley: todo lo bonito no es perfecto, es especial.
Y esta subida de 50 km lo fue.
No necesitaba edición.
Y no la tuvo. Cortar-pegar. Punto pelota.