25/10/2017
Tú no mereces nada. Ni mereces ni dejas de merecer.
Merecer es una palabra muy fea si lo piensas. Lleva implícito que tienes que hacer algo para recibir otra cosa de la misma cualidad. Es decir, si eres bueno mereces recibir cosas buenas y si eres malo mereces recibir cosas malas.
Quién no ha escuchado de niño o de niña: “no te doy/compro/regalo x porque no te lo mereces porque te has portado mal”. O ya de adultos quién no se ha dicho a sí mismo: “no merezco que me trates así”.
Claro que no. Nadie puede poner un precio a un acto de amor, porque entonces deja de serlo y se convierte en una coacción. Nadie merece ser mal tratado, ni que se haya portado bien, ni que se haya portado mal.
Vivimos en la cultura del premio y del castigo. Porque nos olvidamos que somos seres humanos que merecemos lo mejor solamente por ser. Pero sobre todo merecemos ser amados ya que sólo el amor sacará lo mejor de nosotros mismos, grandes y chicos, y no al revés.
Así que cuando pienses en castigar o premiar a tu hijo, a tu pareja o a ti misma o mismo, haz esta reflexión.
Regala por amor, educa por amor, enseña por amor, motiva por amor, porque es lo que todos “merecemos” sin tener que hacer ni ser nada diferente a lo que somos.