02/09/2026
Septiembre 2, 2026, Miércoles
Leer: 1 Cor 3, 1-9 Lc 4, 38-44
“Él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: ‘¡Tú eres el Hijo de Dios!’ Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías” (Lc 4,40-41).
Por supuesto que los demonios no estaban contentos de perder sus cómodos refugios: la soberbia, el egoísmo, la vanidad, la crueldad, la lascivia, y confusión, de sus huéspedes carnales, a quienes convencían incansablemente de sostenerse en sus posturas impías y de lo apropiado de sus actitudes injustas.
Las gentes gritan, convencidos, que el ab**to es un derecho, que es bueno, y que debe permitirse en los tres trimestres del embarazo, y se lo echan en cara a la Iglesia, a sus sacerdotes, y a su propia conciencia y moral. «Y comenzaron a gritar: ¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» (Mt 8, 29).
El conflicto sobre el "derecho" al ab**to es uno entre el bien y el mal. La sola idea que un Cristiano defienda el ab**to es tan absurda como los cristianos defendiendo las cámaras de gas de Auschwitz. Incongruencias lógicas. Mas, ¿desde cuándo la posesión demoníaca es lógica, limpia, edificante? No podemos ceder ante la confusión. Debemos reprender al pecado y al pecador, y mantenernos firmes en lo correcto.
«Estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre...» (Mc 16,17).
Reflexión y Comentario
Salmo 106,6: “Hemos pecado, igual que nuestros padres; somos culpables, hicimos el mal”.
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