10/23/2024
Querido hermano/a,
Escribo estas palabras con amor y con la intención de reflexionar juntos sobre un tema que me ha inquietado y que creo, en algún momento, todos hemos enfrentado. No es fácil mirar dentro de nosotros mismos, pero es necesario si queremos caminar en la luz que Dios nos ha dado.
He notado, y no lo digo con juicio, sino con sinceridad, que te duele ver las faltas en los demás y rápidamente las señalas. Sé que esto nace de un deseo de ver a otros caminar en rectitud. Sin embargo, quiero invitarte a considerar lo siguiente: ¿qué ocurre cuando Dios pone el espejo delante de nosotros? ¿Qué pasa cuando Él, con su voz suave pero firme, nos corrige?
A veces, es más fácil ver el pecado en los otros que en nosotros mismos. Jesús mismo nos advirtió sobre esto cuando dijo: "¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?" (Mateo 7:3). El Señor no nos dice esto para condenarnos, sino para liberarnos de esa carga pesada de juicio que ponemos sobre los demás, sin darnos cuenta que primero debemos ser corregidos nosotros mismos.
Entiendo que no es fácil cuando Dios habla y pone luz sobre nuestras propias fallas. A veces, duele, porque su palabra es viva y más cortante que una espada de dos filos. Pero si nos enojamos o resistimos su voz, perdemos la bendición de ser transformados. No es en la perfección que Dios encuentra gozo, sino en un corazón dispuesto a escuchar, cambiar y ser moldeado por sus manos.
Quiero animarte a que, cuando Dios te hable, en vez de endurecer el corazón o sentirte ofendido/a, lo recibas con humildad. Recuerda que Su corrección es un acto de amor, no de condena. Él quiere lo mejor para ti, para mí, y para cada uno de sus hijos. Y es al aceptar su corrección que nos acercamos más a Él, caminando en la gracia que Él nos da.
Nadie es perfecto, pero lo maravilloso es que tenemos un Dios que, en su infinita misericordia, nos llama a crecer, a mejorar, y a ser más como Cristo cada día. Cuando corrijas a los demás, hazlo con ese mismo espíritu de gracia que Dios tiene contigo. Y cuando Él te corrija a ti, recibe esa corrección con gratitud, sabiendo que es para tu bien y para que puedas ser luz para otros.
Con todo mi cariño y oraciones,
[Hno Israel Rios Rodriguez]