10/15/2022
Mamá,
Llevo tiempo queriendo escribirte; en mi agitada y angustiada mente he plasmado más de una centena de borradores, ejercicios mentales que se pierden en la fragilidad de los pasillos de la mente misma, nunca habían salido de los corredores porque cada letra tenía remitente, pero jamás había logrado dar con la dirección del destinatario.
Como bien entenderás, después de tantos ensayos logré encontrar tu dirección.
Vives en mi!
Quería expresarte en la sencillez de mis palabras el agradecimiento por todos aquellos recuerdos que dejaste sembrado en mi existencia; por los mimos de madre al niño que vive indiferente al desbordante amor materno, pero que sin saberlo va tejiendo en sus entrañas al hombre que será en un futuro cercano.
Deseo también que sepas que de tu mano aprendí a adentrarme en el discreto encanto de la lectura, en la magia de la cinematografía, en el deseo ardiente de viajar y conocer cultura e historia en tierra lejana.
Le pusiste prosa a mi vida, cultivaste mi imaginación, y llenaste el cubo vacío de mi alma con el mágico hechizo de tus fantasías.
Me llené de tu chispa, de ese buen humor y gracia tan característica en ti y tus hermanos.
Elbita, te encantaba ese poema de Andrés Eloy Blanco, La Renuncia, y de allí esa frase que grabaste sin saberlo en el seno de mi ser: “dejemos que las culpas se coman a las culpas” y en ese principio he diluido la arrogancia y el maltrato que deja en su camino los errores cometidos en el transitar de nuestras vidas. No tengo nada que perdonar mamá, pero lo hermoso de esta afirmación es que tú tampoco tienes necesidad de perdonar mis errores, nuestro balance fue saldado en anticipo con ese amor de madre e hijo que nos obsequiamos en los años compartidos, Y para prueba están estas palabras que hoy escribo en tu ausencia.
Sin mas que decir, con mucho que sentir, me despido de ti mi querida madre con el amor infinito de quien encontró en su corazón y alma al niño que fue tuyo.
La bendición